CAMINANDO, AL VIAJERO LE BROTAN DE SUBITO ALAS EN EL ALMA, DESCONOCIDOS MUNDOS EN EL MIRAR

martes, 21 de marzo de 2017

LOS LAVADEROS

17 de marzo de 2017. A tres días del inicio de la primavera, nos plantamos en el municipio abulense de Santa María del Berrocal para realizar el PRC-AV58 Ruta de los Lavaderos, para descubrir el corazón del hermoso Valle del Corneja rodeado de un excepcional paisaje granítico, un estupendo bosque de encinas y con las portentosas cumbres nevadas del macizo de Gredos en el horizonte. Pincha en el "play" y comenzamos esta extraordinaria aventura.
Nuestros pasos comienzan junto a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, aunque antes hemos recorrido los rincones del municipio, encontrando este hermoso "potro de herrar" para limar y colocar las herraduras en las pezuñas de los animales de tiro y de labor,
además de ir admirando su arquitectura popular, propia de los pueblos cercanos a la sierra.
Como siempre, os dejo el mapa de situación y el itinerario con todos los datos en: LOS LAVADEROS
Con las indicaciones desde la Plaza Mayor, salimos en dirección norte hasta una bifurcación del camino, en el que a la izquierda y en unos 50 metros 
alcanzaremos el primer lavadero del día: el Lavadero de la Fuente Merina.
Está construido en 1956, aunque las antigüas lavanderas venían a este lugar aprovechando la pequeña balsa de agua que el arroyo formaba para el lavado de la ropa.
Consta de tres concavidades de forma rectangular comunicados entre si, el primero recibe el agua y los siguientes están asignados para el lavado de las prendas.
El lugar era perfecto, ya que al lado había innumerables "lanchas" de piedra donde ponían a secar la ropa y la lana, y donde hoy está instalado 
un espectacular mirador del pueblo de Santa María del Berrocal
con las cercanas, soberbias y maravillosas cumbres de Gredos en la lejanía.
Desandando el camino, tomamos dirección a Navahermosa de Corneja
disfrutando de verdes y frescos pastizales por los que pastan pequeños rebaños de ovejas.
El paseo es muy agradable, recorriendo las amplias vistas del valle
y dejando a nuestra espalda las nieves de la Estación Invernal de La Covatilla.
Nada mas terminar las últimas viviendas de Santa María del Berrocal se encuentra la Fuente de la Viña, un pozo de boca cuadrada protegido por una cubierta abovedada
que abasteció de agua al pueblo en épocas pasadas.
Avanzamos con agradable y grata tertulia
entre un intenso y penetrante encinar,
sintiéndonos observados, en todo momento, por las moradoras
de estas preciosas y frescas praderías
delimitadas por largas y pequeñas vallas de piedra.
Aislada del mundanal ruido y saliendo unos metros de la ruta principal, encontramos el Lavadero de las Pozas,
un lavadero de piedra granítica tallada y rodeado de un ambiente de suave quietud y placidez.
Sin llegar a Navahermosa de Corneja,
enfilamos el Camino de los Llanos flanqueado por un luminoso encinar
y pequeñas plantas que surgen a nuestros pies.
Tomamos el Camino de El Mirón, donde comienza la ascensión mas fuerte de la ruta,
regalándonos espectaculares y espléndidas instantáneas de la cercana sierra abulense,
mientras en el continuo progreso
van desfilando ante nuestros ojos paisajes de auténtica fantasía y de ensueño.
A nuestras espaldas queda el valle,
alcanzando un abrevadero para el ganado
y conquistando con la vista el cercano núcleo urbano de El Mirón.
Antes de acceder al bonito pueblo, 
la ruta se dirige sobre un pequeño repecho al Castillo de El Mirón, con llamativas y espectaculares vistas sobre la depresión del río Corneja.
La subida está formada por un amplio y extenso canchal,
colonizado por una oscura capa de musgo
que llega hasta los mismísimos muros de la fortaleza.
La panorámica es sobrecogedora
y el emplazamiento sobre el macizo granítico 
hace "hechar humo" a nuestras cámaras fotográficas, intentando no dejar olvidado ningún rincón de estas elegantes tierras.
Penetramos en el interior del también llamado Castillo de los Moros (siglos XI-XV), destacando las ruinas de la Torre del Homenaje
y el vértice geodésico situado a 1299 metros sobre el nivel del mar.
Nos convertimos en vigías y desde su privilegiada posición podemos otear los cuatro puntos cardinales,
alcanzando los altivos relieves de la Sierra de Gredos al sur,
las Sierras de la Serrota y Piedrahita al este,
el pueblo de El Mirón al norte
y el extraordinario balcón, suspendido hacia el oeste, en el que podemos atrapar hasta la lejana Sierra de Francia
en una apoteósica y monumental "puesta en escena".
Abandonamos las alturas para bajar hasta
la Iglesia de San Pedro Apóstol del siglo XV, con un ábside semicilíndrico, bella portada y torre de sillería.
Durante nuestro paso por sus calles, nos impregnamos con aromas de piedra y teja
mientras contemplamos lo bien que está integrado el granito en las diferentes construcciones del pueblo.
Salimos de El Mirón entre un "caos" granítico de bloques, berruecos y bolones de piedra,
quedando a nuestra espalda la gran cúpula rocosa donde se asienta el castillo
disfrutando de un inmenso y enorme panorama,
mientras nuestra imaginación y creatividad juega al paso de las diferentes formas y perfiles que nos propone este infinito mar de rocas.
Entre este modelado granítico
llegamos al Lavadero del Valle, que consta de un cuerpo rectangular y otro cuadrado, uno para el lavado y otro para el aclarado de las prendas.
El camino sigue un suave descenso por terrenos de Los Chiveros
donde podremos observar la tranquilidad y el sosiego del ganado vacuno
y divisar con el "zoom" de nuestro objetivo las blancas y nevadas cumbres
de La Mira y Almanzor,
así como la también cercana Sierra de Béjar.
La senda nos introduce en la carretera AV-104 donde se ubica el Lavadero de los Caños, engalanado y embellecido por maravillosos tonos y colores, ya lo dice el refrán, "Marzo, los almendros en flor y los mozos en amor".
Abandonada la carretera, continuamos rumbo hacia Valdemolinos, cruzando primero por un pilón-abrevadero
para llegar a la "hora del recreo" y columpiarnos bajo esta magnífica encina.
Ya en el pueblo de Valdemolinos, vemos a lo lejos la Iglesia de San Miguel Arcángel
descansando y reposando unos minutos junto al potro de herrar.
En el Camino del Cura, llamado así por ser utilizado por los clérigos para ir de Valdemolinos al Villar, encontramos el Lavadero de la Fuente
con esta remarcada inscripción del año 1932.
Un estrecho y agreste sendero
nos pasea por coloridas praderas
con ilustres moradores
llegando hasta "La Fuente", de trazas medievales y renacentistas en Santa María del Berrocal, dando por terminada esta maravillosa ruta de Los Lavaderos. 
Únicamente nos queda por visitar la espectacular fuente con dos pilones, rematada por un farol de hierro forjado, desde donde parte el agua por una canalización
hacia el Lavadero del Pilón, situado en el interior de un edificio para dar protección a las lavanderas frente a las inclemencias del tiempo.
No nos vamos de Santa María del Berrocal sin pasar por el Bar-Restaurante Vaquero, regentado por Isidoro y Emma, para felicitarles por el excelente servicio, la magnífica comida y la gran atención personal que demostrasteis.
Gracias por todo. Un saludo y un fuerte abrazo, seguro que volveremos.
Llego la hora de recoger trastos y tomar el camino de vuelta, quedando la ilusión de volver para conocer aquel otro recóndito lugar que como quien dice se nos quedó en el tintero.
Saludos de COMANDO SENDERISTA a tod@s caminantes.
Hasta una próxima aventura.