CAMINANDO, AL VIAJERO LE BROTAN DE SUBITO ALAS EN EL ALMA, DESCONOCIDOS MUNDOS EN EL MIRAR

miércoles, 21 de octubre de 2020

SECUOYAS MONTE CABEZÓN

No hace falta irse hasta el litoral estadounidense del Pacífico para caminar por un bosque de secuoyas, únicamente debemos viajar hasta la localidad cántabra de Cabezón de la Sal y darnos un gratificante paseo por su cercano Monte Corona. Es día 12 de septiembre de 2020, pincha en "play" y comenzamos este singular romance entre estos asombrosos árboles.

La salida 249 de la autovía A-8 en Cabezón de la Sal nos da acceso a la carretera CA-135 que en un par de kilómetros nos dejará en el pequeño aparcamiento del Bosque de Secuoyas. Podeís encontrar mas datos del itinerario en: BOSQUE DE SECUOYAS
Declarado Monumento Natural en el año 2003, la entrada al bosque emprende camino 
por unas pasarelas de madera que nos introducen entre un pintoresco tejido arbóreo
hasta alcanzar la profundidad y el corazón de este hermoso espacio
con detalles de diferentes tipos de castaños
cuyos productos se desprenden y desmoronan sobre el mullido tapiz del suelo.
Al final de la pasarela van apareciendo las primeras secuoyas
que nos guían por una enraizada senda 
que marca con exactitud los límites del bosque normal y el Bosque de Secuoyas.
La dignidad y el orgullo de este fabuloso bosque se aprecia durante el paseo
con una excitante luminosidad que se entremezcla entre los troncos
y con las constantes variaciones en sus tonalidades.
No llevamos un rumbo fijo, pero intentamos colonizar todas las trochas y veredas
que serpentean entre el abundante y disciplinado ejército
que se lanza hacia el cielo con alturas que pueden alcanzar los cuarenta metros.
En el aire flota el alegre bullicio de la cercanía otoñal
que se va repartiendo y distribuyendo entre el bosque,
y aunque las hojas de las secuoyas se mantienen verdes, los suelos quedan gravados   
con deliciosos tonos ocres, dorados y marrones característicos de un otoño venidero.
Alcanzamos la parte mas baja de este maravilloso rincón  
y nos damos cuenta que tanto las vistas hacia arriba, hacia lo alto,
como las vistas en horizontal, a ras de tierra, son espectaculares y llamativas,
creando estupendas ópticas y perspectivas
en las que deseamos firmar nuestra presencia,
buscando por momentos esa tranquilidad y relajación que nos aporta este maravilloso paraje.
Una radiante luminosidad penetra entre alguno de sus claros
y va rodeando el colosal y gigantesco perímetro que atesoran alguno de estos soberbios modelos,
continuando por un fresco y estrecho arroyo
que nos hace recalar en la espesura del bosque anexo que acordona al Bosque de Secuoyas.
Sentimos la imperturbable serenidad y la calma del paseo
a través de un silencioso y discreto camino que nos conduce 
hasta una desbordante frondosidad colmada de frescura
cuyos colores otoñales y brillantes contrastes
nos hacen perder el juicio y volvernos locos.
Regresamos de nuevo al Bosque de Secuoyas, subiendo por unas artesanales escaleras

que nos depositan sobre el afable cobijo hogareño de estos maravillosos titanes
cuya verticalidad y empinamiento tratan de buscar
el fantástico y fascinante cimborrio de esta exuberante catedral arbórea.
Somos capaces de contemplar el ascenso de los troncos que se yerguen hacia el cielo
buscando esa magnífica luz que intenta con todas sus fuerzas penetrar en lo mas profundo de las entrañas del bosque.
Seguimos caminando con calma y placidez recreándonos con tan exótico paisaje
imaginando que en cualquier momento podríamos observar la presencia virtual de algún duende o diablillo.
La ruta se convierte en una genuina y original experiencia
a través de su laberíntico relieve y orografía,
pudiendo disfrutar de un verdadero estrépito de sombras y destellos
que llenan el ambiente de color, olor y sonido.
En su interior, cualquier lugar es perfecto para tomarse unos instantes
para gozar de un espectacular y sensacional entorno
evaluando y estimando el encanto y la belleza que nos abraza. 
Continuamos rodeados de estos asombrosos gigantes
que engendran un excepcional ecosistema de unos 850 pies de Sequoia sempervirens y unos 25 de Pinus radiata, censados a día de hoy.
La luz nítida del sol se cuela entre las sombras y las penumbras
creando un lugar atemperado para la magia y la seducción 
en el que circulan los suaves, sutiles y atenuados acordes de un arpa y su sensible sinfonía.
Nos llevamos la inmensa energía que desprenden los protagonistas de esta fabulosa ruta
tras haber buceado por el mar de tranquilidad de su entorno,
despidiéndonos entre penas, tristeza y amargura
al tener que abandonar esta colosal y admirable bóveda boscosa.
Saludos de COMANDO SENDERISTA a tod@s caminantes.  Mas fotos en Facebook: SECUOYAS MONTE CABEZÓN