CAMINANDO, AL VIAJERO LE BROTAN DE SUBITO ALAS EN EL ALMA, DESCONOCIDOS MUNDOS EN EL MIRAR

martes, 19 de octubre de 2021

CUETO SAN SALVADOR

Uno de los lugares para recuperar la calma, lleno de belleza y encanto, es sin duda la comarca palentina de La Pernía, en concreto la pequeña población de SAN SALVADOR DE CANTAMUDA desde donde iniciamos el día 15 de octubre de 2021 una preciosa ruta senderista por sus alrededores. Acompaña con buena música el relato de esta aventura pinchando en el "play" del reproductor.

Nuestros pasos se inician junto a la maravillosa Colegiata de San Salvador con una de las mas bellas espadañas del románico español, continuando hasta la plaza en la que se alza la sólida y robusta picota jurisdiccional.
Antes hemos repasado todos los datos del itinerario en: CUETO SAN SALVADOR
Con el frescor de la mañana, tomamos una pista forestal que asciende rumbo suroeste
entre el aire puro que recorre las atractivas praderías entre los arroyos de Lebanza y Valdehorcas,
saliendo a nuestro paso un temeroso y tímido guardián del ganado de la zona.
Con simpleza y valentía vamos calentando piernas y adueñándonos del interior del valle
por el que aparecen los primeros estímulos que dibujan las fechas y el calendario otoñal.
Una alegre charla hace que el tiempo se pase rápidamente y sin darnos cuenta 
el camino nos interna en la inalterable frondosidad de un precioso bosque de robles.
La subida va descubriendo los rasgos mas cautivadores de esta impresionante espesura,
decorando y engalanando nuestros pasos y peregrinaje por esta fastuosa arboleda.
Alcanzamos un claro del bosque donde el terreno y el desnivel se allana y atenúa,
entrando de nuevo entre las luces y sombras que engendran la esencia de este fantástico e inverosímil paisaje.
Seguimos sumergidos entre la numerosa expectación de un ejército de robles y hayas
que nos rodea y nos abraza para infundirnos un cálido aliento frente a la dureza y el rigor de las rampas que nos esperan.
Nos late el corazón con fuerza pero nos brillan los ojos al admirar el compuesto de imágenes
y la huella de sensaciones y emociones que nos provoca e imprime esta soberbia estación.
Seguimos con entusiasmo las elevadas pendientes y los fuertes taludes y desniveles
que se infiltran entre un despliegue desbordado por una infinita gama de colores que compensará la vergüenza de la desnudez en los meses mas fríos del invierno.
El esfuerzo de la subida nos queda mudos, silenciosos y sin palabras, esperando que no falte mucho para llegar,
instalándonos como en el frente de una retaguardia de un gran ejército que espera la aclamación de la gente tras ganar una batalla.
Un despejado cielo azul como el éter se desploma y nos aguarda en el Collado de la Novia,
dejando atrás los últimos resquicios del extraordinario bosque que abandonamos a la espalda.
A nuestra derecha se exhiben los 1684 metros del Cueto de Polentinos,
aunque nuestra cima del día de hoy requiere un pequeño esfuerzo y un impulso mas 
para que nuestro compañero Fiden nos presente la atalaya donde nos encontramos.
El Cueto de San Salvador se sitúa a una altura de 1586 metros sobre el nivel del mar
y con nuestro retrato firmamos el paso por este magistral promontorio que nos descubre 
la Sierra de Peña Labra y San Salvador de Cantamuda en el fondo del valle
y Peña Redonda y el Embalse de Requejada escondido entre las suaves colinas de Cervera de Pisuerga.
Desde el Collado la Novia emprendemos el tramo de mas dificultad, ya que no existe ningún tipo de senda clara y concisa,
obligándonos a una bajada por el interior del bosque en el que debemos extremar todo tipo de precauciones.
Despacio y con mucha calma vamos efectuando un lento y seguro descenso
por las inclinadas y escoradas laderas del Monte de La Dehesa en busca del camino hacia la Campera del Pozo.
El camino nos ofrece la seguridad y la confianza suficiente para afrontar un nuevo tramo
en el que se cuela una pequeña mancha pinariega que cobija y alberga a sus pies
una delicada y suave pasarela en la que intervienen varias especies micológicas.
La luminosidad del bosque nos vuelve a deslumbrar en la Llana de Robledo,
transitando estas espectaculares veredas entre el encanto y la tranquilidad que se respira.
Entramos en el pequeño pueblo de Polentinos saludando a sus gentes y concurrencias,
aprovechando para recolectar algunas zarzamoras que aun perduran por las bondades del tiempo.
POLENTINOS es uno de esos viejos pueblos que guardan el sabor de lo tradicional
en el que sus fachadas de piedra y madera nos satisfacen con el deleite de su atractiva arquitectura rural.
Alcanzamos la fuente con su brillante abrevadero y en él, reponemos fuerzas y rellenamos cantimploras
para seguir desvelando los rincones y recovecos mas escondidos del pueblo.
Las casualidades y los imprevistos surgen sin darnos cuenta al encontrarnos con 
Secundino Estalayo Andérez que nos cuenta como se topó con un oso mientras paseaba por el bosque y que pudo huir con la ayuda de su perro. 
Tras una agradable charla, nos despedimos y bajamos hasta Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves
de estilo gótico que conserva una sencilla portada rematada con arco de medio punto.
En sus inmediaciones podemos disfrutar del verdor y el frescor de sus praderíos
y de los mágicos bosques que se encargan de dar al pueblo ese carácter único y exclusivo.
La Fuente del Arroyo de la Dehesa preside la salida de Polentinos por la carretera
y desde su ubicación divisamos en la lejanía el Cueto de San Salvador donde estuvimos esta mañana.
Renunciamos al hermoso espíritu religioso perdido en esta inmensa frontera verde
coronada y rematada por la cúspide y alzada del Pico Curavacas, que con sus 2524 metros perfila el techo de Fuentes Carrionas.
Nos esperan cerca de 4 kms por el asfalto y hormigonado de la carretera 
que sin apenas tráfico podemos pasear en compañía de la tranquilidad y las vistas que nos depara este magnífico territorio.
Atravesamos una escenografía bella y al mismo tiempo desgarradora, ya que los niveles de agua del Embalse de Requejada están bajo mínimos.
Solamente nos queda regocijarnos con la gran variedad de cromatismo que nos ofrece el otoño
y los estupendos horizontes moteados por esos amarillos que brillan como el sol.
Nos asomamos al puente para ver el incipiente caudal del río Pisuerga
que deambula entre el rastro estéril del pantano, produciéndonos una desmedida impresión y una gran tristeza.
Junto al puente surge una pista por un precioso hayedo que se viste con sus mejores galas y nos devuelve la sonrisa y el entusiasmo 
por un bosque en el que podemos encontrar también algún roble, varios avellanos y algún acebo. 
Emprendemos una suave y hermosa remontada por la margen derecha del río Pisuerga
 que navega lento y sosegado desprendiendo su delicado rumor y sus brillantes destellos,
alcanzando una antigüa cantera en los límites del llamado Bosque de Carracedo.
La umbría nos refugia y nos ampara entre el suave crepitar de las primeras hojas caídas,
cubiertas por el relente del Pisuerga en la pantanosa desembocadura del Arroyo Valdehorcas.
El camino se serena en los pequeños y agradables recintos de pastos de Vega Agustín
donde el ganado vacuno se nutre y sestea entre una pasmosa despreocupación y placidez.
El Pisuerga sigue esforzándose por mostrar su atuendo repleto de elegancia y gallardía
mientras su fresca corriente extiende un suave y esponjoso resuello de humedad por todo el valle.
El camino nos sigue pidiendo excursión y escrutinio de nuevos lugares y rincones,
acercándonos por última vez a este joven Pisuerga para formalizar nuestro adiós y despedida.
El calor, la distancia y el polvo en nuestros borceguíes denotan el cansancio de este viaje
que cruza, entre los ecos y sonidos de motosierras, alguna de la explotaciones madereras del entorno.
Picos, oteros, cordales y colladas se enlazan y articulan sobre la frondosidad del bosque,
bajando hasta las nítidas y luminosas camperas de Matamazurros, desde donde podemos 
divisar las preciosas siluetas y contornos de Peña Tremaya y el Pico de los Tres Mares.
El final de nuestra ruta es un conglomerado de finos aromas y suaves fragancias otoñales
combinados con la quietud y serenidad que desprenden sus verdes pastos y prados
que rodean una estupenda y atractiva arquitectura rural del pueblo de San Salvador de Cantamuda.
Solamente nos queda disfrutar de sus estupendos aderezos y decorados,
deslizándonos entre los excelentes atributos preparados por sus gentes,
culminando este radiante paseo junto al Rollo de 1541, concedido para la jurisdicción civil y criminal de La Pernía.
No podemos irnos de SAN SALVADOR DE CANTAMUDA sin visitar una de las iglesias mas representativas del románico Palentino
y sin pasar por el Restaurante y Hotel Rural Venta Morena, dando las gracias a su gerente y administradora Amor San Abelardo por el exquisito servicio y por habernos hecho sentir como en nuestra propia casa.
Saludos de COMANDO SENDERISTA a tod@s caminantes.
ÁLBUM DE FOTOS: CUETO SAN SALVADOR