CAMINANDO, AL VIAJERO LE BROTAN DE SUBITO ALAS EN EL ALMA Y DESCONOCIDOS MUNDOS EN EL MIRAR

viernes, 26 de noviembre de 2021

HAYEDO DE URREZ

Alguien me preguntaba si conocíamos el Hayedo de Urrez junto a las primeras estribaciones burgalesas de la Sierra de la Demanda. Nos insistió en su belleza y como nos encantan los bosques, hasta allí nos fuimos el 19 de noviembre de 2021. Empezamos.

Esquilas y cencerros nos saludan esta soleada mañana en las praderías del pueblo de URREZ
que nos invita a incorporarnos a un paseo por el interior de sus calles y viviendas para 
llevarnos y conducirnos hasta los pies de la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora,  
donde se escuchan y perciben los suaves susurros de la fuente y abrevadero de la Plaza Mayor.
Abrimos el itinerario y el trayecto de nuestra ruta consultando en HAYEDO DE URREZ
abandonando el pueblo para realizar el recorrido en sentido contrario a las agujas del reloj.
En estos preliminares vamos disfrutando de la encarnada intensidad de los escaramujos
y experimentando los poderosos halos y contraluces de los grandes robles y carvallos
que se despliegan sobre las frescas praderas que allanan y pulen el pequeño barranco.
El bosque emprende un virtual incendio con arrebatadores y asombrosos colores ocres y amarillos
que destacan y acentúan sobre el lienzo nítido, transparente e inmaculado del cielo.
Los jóvenes troncos de esta grandiosa masa forestal han sido decorados con bellos motivos
realizados con lanas y vellones, humanizando el paisaje con elegantes rasgos y atributos.
El otoño se columpia y se contonea diseminando su amplia e infinita gama de matices
por este extraordinario paseo cuyo espectáculo hace enloquecer la mayoría de nuestros sentidos. 
La desnudez del bosque viste y acicala la timidez y la humildad del Arroyo de la Estrijada 
que cruza los adornos y aderezos de las ruinas y reliquias del Molino de Valdesondo, 
mientras nuestros pasos advierten la blandura y elasticidad de una vereda herbosa que atraviesa 
los escombros y vestigios de varias tenadas abandonadas por antigüos cordeles ganaderos
empleados por los pastores para cuidar sus animales, permitiéndonos recorrer estos paisajes
entre luminosas laderas cubiertas de robles, hayas, abedules, arces y acebos.
A esta hora de la mañana penetramos en la enigmática y misteriosa umbría del hayedo
que solamente autoriza la entrada de la mínima cantidad de luz para crear una atmósfera
llena de una tierna humedad que empapa y bruñe con su rocío la mayoría de las plantas
que afloran y aparecen, como por arte de magia, en lo mas recóndito del bosque.
Los destellos y el resplandor del sol vuelven a encender las hojas que cuelgan y penden
de un fabuloso bosque mixto en el que aparecen los primeros ejemplares de pinos, por un
camino que sigue ascendiendo con la atenuada música de fondo del crepitar de la hojarasca 
y el maravilloso fulgor y claridad de las tonalidades que nos brinda esta rabiosa naturaleza. 
Tras cruzar el barranco de la Peña del Águila dominado por un tupido y compacto pinar,
alcanzamos una despejada collada en la que tomamos un descanso, para desde allí 
vislumbrar los resaltes rocosos de la Sierra Aguda y el Monte de Valdesosondo
y las obstinadas y persistentes nieblas que aun perduran en los alrededores de Burgos.
Toca descenso y bajada con animada charla y palique por el corazón de la pineda, hasta que 
contemplamos y distinguimos la densa y compacta arboleda que sube hasta los 1575 metros de La Cerca,
para volvernos a introducir por la magistral vereda realzada por una mágica milicia de hayas
que se alzan como las reinas indiscutibles de este extenso y seductor paraíso vegetal.
Cambiamos los pañales y asistimos los primeros pasos del arroyo que baja hasta Urrez
y nos abrimos paso entre las verdes reminiscencias pinariegas que acotan la travesía,
siguiendo el descenso por el dibujo y boceto diseñado en este estupendo escenario otoñal.
La belleza salvaje de este encantador bosque nos permite seguir explorando este bello espacio
en una agradable caminata de exquisito deleite y entre sabrosos y deliciosos aromas.
Los intérpretes de estas magníficas arboledas se combinan en un mágico juego de colores
y sorprenden a sus espectadores con multitud de imágenes de gran riqueza cromática.
Seguimos atrapados en este suntuoso tesoro guardado entre las laderas del monte, que nos
permite seguir horadando apreciadas estampas sensoriales en un oasis lleno de silencio.
Nos desviamos un momento hasta la campa del collado del Monte Quintanar, que nos proporciona
un sufrido y sacrificado ascenso por el cortafuegos para colocarnos en el Alto de la Cerca de 1531 metros de altitud.
Recuperamos el aliento al mismo tiempo que nuestros corazones se apaciguan y serenan,
admirando, desde esta prodigiosa atalaya, la infinita llanura que se extiende hacia la capital burgalesa,
las montañas que protegen el alargado y prolongado Valle del río Arlanzón 
y las cumbres nevadas de los picos Trigaza de 2031m y el San Millán con sus 2131 metros.
Una vez disfrutadas las vistas, descendemos vertiginosamente por el cortafuegos y nos
reincorporamos, fundidos entre la genial y maravillosa naturaleza que nos rodea, al itinerario
que vuelve a despertar nuestros sentidos entre el esplendor de su gran variedad botánica.
El plácido y tranquilo descenso rodea las multicolores vertientes del Barranco de Valdesondo,
atisbando un cambio sustancial del paisaje por las solanas donde prospera un agostado robledal.
Continuamos con nuestro ritmo de bajada entre los numerosos claros que aparecen en el monte
dilucidados y esclarecidos por el airado matiz y la rabiosa tonalidad de las hojas,
adentrándonos de nuevo bajo la fabulosa techumbre arbórea que nos custodia y acompaña.
Las palabras se van quedando cortas para seguir describiendo estos asombrosos bosques
en el que los rayos del sol ejercen su poderoso influjo para darle un toque mas radiante, si cabe.
A medida que nos descolgamos el horizonte se despeja y vamos contemplando una lejanía
en la que aparece la perfecta y magistral silueta donde daremos por finalizada nuestra ruta.
Aun nos deleitamos con unos minutos contemplativos observando el verdor de las praderas 
y la mancha de robledal que engendran un idílico y espectacular panorama desde el que se avista
el impecable conglomerado de casas que forma la geometría del pueblo de URREZ.
La altiva espadaña de su iglesia sobre los tejados nos orienta y nos dirige hacia su interior,
cruzando y olfateando los antigüos efluvios harineros que desprende el Molino del Llano
y volviendo a percibir la materia decorativa de los árboles envueltos en bellos mechones de lana.
Nos acercamos hasta el cobertizo de piedra que encierra el tradicional lavadero de ropa,
buscando primero, el diálogo armonioso de los caños de la Fuente de la plaza Mayor y en
segundo lugar, una buena cervecita como "broche de oro" a este estupendo itinerario. 
Finalizamos con un pequeño recorrido por las enormes y contundentes casas solariegas
que se asientan en un desdibujado entramado de estrechas calles y callejuelas por donde 
se respiran unas absolutas y privilegiadas sensaciones de eterna calma y serenidad. 
Nuestro amplio reportaje termina en el restaurante La Cantina en VILLASUR DE HERREROS 
tras haber disfrutado del vitalismo de esta prodigiosa arquitectura y de la excursión pura y natural del hayedo que la rodea.
Saludos de COMANDO SENDERISTA a tod@s caminantes. Todas las fotos en: URREZ Y VILLASUR DE HERREROS 

4 comentarios:

  1. Que poética y evocador! Enhorabuena por el reportaje, es magnífico como nos tiene acostumbrados. La ruta, viéndola con la perspectiva del tiempo, da la sensación de haber vivido varios días debido a los cambios de luces y condiciones. Un abrazo fuerte.

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    1. Ya sabéis que me gusta provocar sentimientos a mis lectores y con los colores del bosque se engendra un sencillo relato para poder vivir y sentir la experiencia de caminar por estos fabulosos bosques.
      Muchas gracias por vuestras palabras y un saludo cordial.

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  2. Estos caminos otoñales son tan diversos y evocadores como muestras en tu nutrida crónica con el merecido colofón en La Cantina.
    Un gusto para 'Ojolince y Sra.' pasear virtualmente con vosotros por esas hermosas tierras burgalesas que tan poco conocemos.
    Un saludo para ti y tu Comando Senderista de parte de 'Ojolince y Sra.'

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    1. Muchas gracias por vuestro comentario. Siempre es un placer caminar de forma sosegada por estos bosques y conocer, al mismo tiempo, el cuidado patrimonio rural de estos pequeños pueblos. Un saludo cordial, quedando a la escucha de vuestras próximas aventuras.

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