La Senda de la Genciana PRC-BU 84, tiene su comienzo en la preciosa localidad burgalesa
de Alarcia, aunque nosotros eliminaremos los primeros kms que suben al Mirador de la Cruz,
subiendo con el coche por la carretera BU-813 hasta la Ermita de San Roque👇, en donde la
frescura de sus prados alimenta a una multitudinaria cabaña ganadera, alcanzando en un par
de kms un depósito de sal a nuestra derecha en el que aparcaremos nuestros coches y donde consultaremos todos los datos del itinerario👇👇
en dirección al pequeño Refugio de los Campos👇tomando la senda a nuestra izquierda que
subirá entre verdes y lozanos pastizales hasta las tranquilas praderías de Campito Largo👇.
La ligera y liviana ascensión se va llenando de colores primaverales 👇, al mismo tiempo que
acometemos una agradable incursión por los robledales de Peña Luenga y Fuente del Vadillo.
Seguimos cocinando la subida "a fuego lento" y sin pausas, sin apartar las miradas a nuestra
espalda para avistar las nieblas y las brumas contenidas en los valles de los Montes de Oca.
La Pradera de Campito Largo es un cruce de caminos donde podremos optar a seguir por el
GR-82 "Senda de la Sierra de la Demanda", tomando ruta de ascenso hacia el Pico Trigaza,
que es la que nosotros seguiremos entre los aromas y las fragancias de un compacto pinar.
La pista cruza los "pagos" del Remendico y las Aleguillas con muchos refugios de cazadores,
alcanzando finalmente la pequeña Área Recreativa de la Fuente Paulejas en un espléndido
entorno natural donde podremos paladear y saborear la frescura de las aguas de esta Sierra.
A estas alturas, la naturaleza es una auténtica exhibición de variedad en la que un perfecto
bosque mixto despliega con ansia, rabia y deseo un enorme potencial de bellas tonalidades
que se asoman al abismo y el precipicio donde duerme la magia del Embalsa de Úzquiza👇.
Las marcas del GR-82 siguen dirigiendo y orientando nuestros pasos por esta conmovedora
"prisión natural" que rodea el Alto de las Cárcavas, desembocando en un maravilloso claro en
el que nos recrearemos en la observación y contemplación de un fabuloso "mar de nubes"👇
cuyos típicos estratos nubosos adquieren este aspecto tan espectacular a vista de pájaro 👇.
Estamos a punto de alcanzar el Collado de Viñaga, también denominado Alto de Viñaza hacia
los 1536 metros de altura, totalmente ornamentado con los amarillos "dientes de león" y las
numerosas campanillas que pueblan y embellecen las suaves praderas de este bonito lugar.
A nuestra derecha dejamos la pista que sube al Trigaza, centrándonos y reponiendo el agua
de nuestras cantimploras en la fuente y caño del depósito de agua existente en este herbazal.
La luminosidad y tonalidades del cielo y la tierra conspiran para ofrecernos una agradable y confortable travesía que empieza a descender entre el estimulante e inspirador silencio con
el que llegamos a conquistar los soberbios y maravillosos alrededores de la Casa de Hizondo.
Este peculiar y diminuto refugio de piedra👇es el guardián de majestuosas hayas centenarias
y el tranquilizador lugar donde tomaremos un pequeño tentempié y un encantador descanso.
Volvemos al camino para rodear y circundar las laderas y pendientes que bajan de manera
vertiginosa de la denominada Casa de los Ingenieros o Chalet Jaquotot situado a 1662 m.👇
obteniendo unas colosales vistas y unas extraordinarias panorámicas de esta zona burgalesa.
El apacible aire del bosque y la solemne avenida por la que transitamos hace que fluyan las
charlas y tertulias👆sin pasar desapercibidos ante los estímulos micológicos de la espesura.
Una gran curva de casi 360º nos asoma de nuevo al hayedo, aunque antes estaremos en la
disposición de poder percibir los penetrantes efluvios y bálsamos de brezos y brecinas para
entrar con fuerza en los tupidos y apretados hayedos de Las Mancebas y de Las Rasadas👇.
Nos empapamos del "glamour" y la elegancia de un hayedo que engendra el marco ideal para
que surja el romance y la armonía con que se precipita el Arroyo de Viñaza, una pequeña y
fascinante cascada tributaria del Arroyo de la Genciana donde firmamos nuestra presencia.
Nos desviamos unos 400 metros para acceder hasta el Mirador del Barranco de la Genciana,
un estupendo y portentoso balcón natural para divisar el Monte Hueco👇, la capa arbórea del
Monte Gallundra👇, el Campo de los Yagos y El Rostral👇y en definitiva todas las montañas,
colinas y valles que confluyen hacia el fantástico y maravilloso desfiladero de la Genciana👆.
Nos despedimos de este magnífico escenario y de estas colinas con exquisitas proporciones,
recuperando el camino entre pequeños tesoros y joyas que se desarrollan a nuestros pies👇,
alcanzando la señal y el hito de piedra que nos permitirá recuperar el itinerario ya previsto👇.
El mero hecho de la bajada y su belleza nos va emitiendo esa especie de interés y atención
para acceder a la monotonía y la uniformidad con la que el hayedo se acicala en esta época.
Uno de los grandes alicientes de esta ruta son sus preciosas cascadas, sus pequeños saltos
de agua y sus frenéticos torrentes, resultando una exhibición natural, única y sorprendente👇
En este tramo hay que estar muy atento a la señalización, ya que un ligero despiste te puede
jugar un mal rato. Nosotros tuvimos que rectificar para poder rescatar el trazado de la senda.
Una vez recuperada la senda del hayedo, solamente tendremos que dejarnos llevar entre los
matices de de su fantástica luminosidad y sus radiantes tonalidades y aunque los colores del
otoño son sobrecogedores, la explosión de color y vida en primavera no hay que perdérsela.
El hayedo nos da esas energías y esa vitalidad que invita a pasear sin prisas y sin urgencias,
parándonos en cada resquicio del bosque para admirar la delicada arquitectura de la Sierra.
No nos cansamos de atravesar y perforar este magnífico escenario de la tierra soñada, cuyo
colorido confirma la exaltación de la vida, fundiéndose en una maravillosa escala de verdes
que acentúan la salida del letargo invernal para disfrutar de los días mas largos primaverales.
El hayedo nos convierte en sus huéspedes especiales, desfilando por un escenario silencioso
que se asoma en cada ventana a este espectacular y asombroso Barranco de la Genciana👇
Aquí la primavera juega claramente a favor, puesto que los verdes se vuelven mas intensos y
rigurosos, el bosque gana luminosidad y el sonido del caudal del río aumenta y se refuerza,
además este ambiente se va adueñando, paso a paso, de un entorno en el que los rayos y la
luz del sol se filtra entre las hayas para crear y generar un ambiente mágico en el bosque👇.
Una vez abandonado el hayedo, nuestros pasos alcanzan la zona de La Tejera, confluyendo
con las aguas del Arroyo de la Genciana, un lugar de indudable atractivo para refrescarnos y
estimularnos, donde la naturaleza ha preparado un cómodo, confortable y acogedor rincón👇
Continuamos en medio del silencio por una vereda herbosa en la que aparecerán auténticos
bellezones, que con su sobriedad y sutileza, amenizarán el siguiente intervalo del itinerario.
La suntuosidad del azul purpúreo del cielo contrasta con los blancos níveos de algunas flores
cuando tomamos el Camino de Aranquiza, una amplia vereda que nos aproximará hasta las
pasarelas y puente de madera que nos facilitará el paso y el cruce por el Arroyo de la Tejera.
Solamente nos queda un fuerte y empinado repecho por el interior de la pequeña superficie
boscosa de Los Molares, alcanzando de nuevo el silo y el depósito de sal donde esta mañana
aparcamos nuestro coches. La panorámica sobre el Trigaza pone el punto y final a esta ruta.
Saludos de COMANDO SENDERISTA a tod@s caminantes.
Todas las fotos en: SENDA DE LA GENCIANA
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